La política de ciencia, tecnología e innovación (CTeI) está determinada por marcos que han surgido y persistido a través de la historia. Existen dos marcos ya establecidos que se reconocen como marcos coexistentes y dominantes en las discusiones contemporáneas de la política de innovación. El primer marco surgió después de la Segunda Guerra Mundial y se caracterizó por institucionalizar el apoyo gubernamental a la ciencia y la I+D. El supuesto principal de este marco es que el apoyo gubernamental debe contribuir al crecimiento económico y abordar las fallas del mercado. Esto se logra propiciando la generación de nuevo conocimiento desde el sector privado. El segundo marco surgió en el contexto de la globalización durante la década de los 80s y también enfatiza la competitividad, en este caso, determinada por el sistema nacional de innovación para la creación de conocimiento y la comercialización. En este marco la política de CTeI se centra en crear vínculos, clústeres y redes; estimular el aprendizaje entre los elementos del sistema y facilitar el emprendimiento. Un tercer marco se asocia con los desafíos sociales y ambientales, tales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y, a diferencia de los dos marcos anteriores, hace un llamamiento al cambio transformativo. La transformación se refiere a un cambio sociotécnico, término que se encuentra conceptualizado en la literatura de transiciones1. Este tercer marco es examinado con el fin de identificar sus características y su potencial y, de esta manera propiciar una reevaluación de los dos marcos anteriores. Una característica clave de este marco es su enfoque en experimentación, y su argumento de que los países del sur global no necesitan seguir el modelo de transformación del norte global. Aquí se sostiene que los tres marcos son relevantes para la formulación de política, pero que debería priorizarse el estudio de alternativas hacia una política de innovación transformativa.

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